Reflexiones, Sudamérica—17.10.2022

¿Y ahora qué?

Al regresar del viaje africano no fueron pocas las veces que me hicieron preguntas como: ¿No tuviste miedo? ¿Qué fue lo que más te gustó? ¿Qué comías? ¿Qué animales viste? Por mi parte, la única cuestión que necesitaba contestar era: ¿Qué hago ahora?

Había una primera respuesta fácil de obtener. Después de casi un año sin ingresos la cuenta corriente estaba bajo mínimos, por lo que lo más urgente era encontrar un trabajo. No resultó complicado volver a conseguir un puesto como panadero. A pesar de que se trataba de un proyecto ilusionante, al cabo de pocas semanas me di cuenta de que no era mi lugar.

Más allá de mi encaje en el negocio, puede que que hubiese algo de lo que dice Amanda Cabot en su texto No sin mi cámara publicado en Manual de aventura overland Miquel Silvestre (2018) [Afiliado]:

«... volver a una vida “normal” después de un viaje en moto será un castigo diario, un duro recordatorio de lo que fue la felicidad con lo mínimo: comida, bebida y gasolina. Detestarás tener todas las comodidades porque después de un mes querrás estar lleno de polvo y agotado pero pleno en tu interior. Puedo hablar de haber sentido felicidad plena, sin el “pero”, “es que” o el “y si...” porque la viví.»

Además de esos sentimientos, la muerte de alguien cercano me hizo caer en la cuenta del tópico sobre la fugacidad del tiempo y nuestro paso por él. Y, por primera vez en mi vida tuve un proyecto: volver a viajar en moto sin fecha de vuelta. Eso se convirtió en el qué definitivo.

En lo que fue una libre interpretación de otro tópico, carpe diem, me di un plazo de dos años para llevarlo a cabo.

Volví a Panic, donde, además de ser mi hogar panadero, me pagaban lo bastante para reunir el parné necesario en ese tiempo con lo que, a principios de 2020 ya estaba preparado económicamente para marcharme a la aventura.

Puestos a abusar de los tópicos, diremos que la historia se repite. Mi amigo Michiel estaba arrancando una nueva panadería en los Países Bajos después de vender su Bora Bakery en Zanzíbar. El plan era tan sencillo como volver a las andadas, le ayudaría una temporada y desde allí volaría a algún lugar donde comprar una moto y empezar el viaje.

Incorrecto —dijo la historia. Era 8 de marzo de 2020, acababa de volver de encontrarme con él. Sin casa en Madrid y con mis bártulos en Granada, me encontré, como todos, compuesto y sin viaje.

Durante los meses de encierro, sin trabajo y con los planes de viaje pospuestos indefinidamente, hubo tiempo para pensar y planear un nuevo rumbo profesional de autoempleo panadero. A punto estuvo de llegar a buen puerto pero, en el último momento, la nave se fue a pique al instante de botarla.

Como si me tratase de una taza motivadora me dije: «Todo pasa por algo» e interpreté el fracaso empresarial como señal de que tenía que retomar la idea del viaje. Tocó volver empezar y recuperar la malherida hucha de las pingües pérdidas que había sufrido.

Regresé a Madrid, de nuevo como panadero asalariado y con un plan de ahorro bajo el brazo. Apliqué algunos de los conocimientos adquiridos durante los preparativos de la nonata empresa y elaboré un sofisticado sistema de ahorro que funcionó incluso en condiciones mileuristas. La clave de su eficacia radicaba en su sencillez, que fundamentalmente consistía en gastar menos de lo que ingresaba. Joaquín Labayen, innovando en sistemas financieros desde el otoño de 2020.

Pero lo más importante de aquellos días fue la aventura inédita en la que me embarqué: vivir en pareja. Más bien debería decir que nos embarcamos, porque nos estrenamos a la vez.

Siempre supimos que un día me marcharía, lo cual no necesariamente ayuda a aceptar la separación y dificultó sensiblemente la decisión de emprender el viaje. Uno a veces no sabe si es un cabezón obcecado o un memo que deja escapar las mejores circunstancias. Seguramente A y B son correctas.

En cualquier caso, la premeditación y alevosía, las renuncias y el apoyo incondicional recibido, le aportan al viaje una dimensión diferente respecto a lo que en el pasado significó largarse sin más.

A propósito del viaje anterior, otra pregunta recurrente ha sido: ¿Te ha cambiado la vida? No sé cómo es posible responder a eso más allá de que, evidentemente, toda acción tiene una consecuencia. Es cierto que tratar de repetir una experiencia parecida se ha convertido en una prioridad, pero no creo que se haya producido un cambio profundo. Hago mías las palabras de un transeúnte que me crucé una vez mientras gritaba (el transeúnte): ¡Somos lo que somos!

Comprar un billete de avión con cualquier destino es, hoy en día, una tarea bien sencilla, cuestión de unos pocos clics y dinero de plástico. Pero como hito en el camino del viaje, puede hacer que titubee el dedo sobre el ratón.

Así que, como mucho, si en algo me cambió la vida el anterior viaje, fue en tener un poco más de experiencia para reconocer sensaciones vividas y afrontar las situaciones con más temple. En la portentosa hazaña de pulsar sobre el botón que decía «confirmar compra», apenas si hice caso del temblor digital y, finalmente, conseguí que mi dedo obedeciese.

Como aquel transeúnte, creo que cada uno lidia siempre con sus cadaunadas, porque somos lo que somos y no cambiamos tanto, pero con la experiencia, a veces conseguimos salir mejor parados de nuestras propias zancadillas.

Lo que sí es recomendable, antes de adquirir tu pasaje de vuelo, es saber a dónde quieres ir. Elegí Sudamérica por pereza y por envidia. Compartir un pasado y un idioma simplifica mucho el cruce de fronteras y la comunicación, aspectos determinantes y que no pocos dolores de cabeza me dieron en África. Las ediciones sudaméricanas del rally Dakar me habían despertado el deseo de recorrer los paisajes por donde se disputaban las etapas. Y, aun más importante, los amigos de este continente que he ido conociendo, son los que alimentaron en mayor medida las ganas de pisar la tierra que ellos pisaron.

Los mapas de Argentina, primero y Colombia, después, han estado en las paredes de mis casas durante este tiempo, como recordatorios del objetivo en los días aciagos y aliento en los de dudas, y como medios para la fantasía imaginando recorridos sugerentes.

Como los países más al sur y al norte del continente, son ambos un buen punto de partida para recorrerlo de punta a punta. A Colombia, además, me unen vínculos más personales que lo convierten en un destino inexcusable. 

Argentina pronto dejó de ser una opción de comienzo. Resulta que, si bien un turista puede adquirir un vehículo y circular legalmente por el país, parece ser que no le está permitido cruzar fronteras con él. Esto no sucede en Colombia donde, por lo visto, esta operación resulta factible y simple, lo que supuso irrevocablemente la eliminación de Argentina de la competición.

En algún momento Paraguay se postuló como candidato. Frente a Colombia presentaba algunas ventajas y pocos puntos débiles. Para empezar, el precio de las motos era menor y la oferta, en general, más atractiva. Ser turista, de entrada, no parecía suponer un problema para su adquisición y legalización.

Además, un clima favorable para la práctica del motociclismo durante todo el año y su ubicación propicia para orientar la ruta hacia el norte o el sur en función de temporada en la que viajase, hizo que ganase puntos en un plan que no tenía fecha concreta de inicio.

Pero el motivo fundamental que le coronó como destino vencedor (tras dura pugna hasta última hora) es que somos lo que somos. Entre comenzar o acabar el viaje en Colombia siempre preferí lo segundo, de la misma manera que me gusta (y siempre me gustará) reservarme la yema del huevo frito para el último bocado.

También me gusta releer libros y ver una y otra vez mis películas favoritas. Suele decirse que uno regresa a donde fue feliz, así que aquí estoy de nuevo, dirigiéndome al lugar donde lo fui: el asiento de mi moto.

🎵 ¡Vámonos, átomos!

31 comentarios

  1. Y ahora te abraza esta nueva aventura, ya estás embarcado y mirando al norte (hacia la tierrita).
    Que lindo escribes, Colombia te espera con los brazos abiertos.
    Que siga la ruta y los relatos!
    "Avanti con la guaracha"

  2. Pues estaremos atentos a leerte... Disfruta del viaje y todas esas vivencias que te esperan y sobretodo, cuéntanos todo. Fuerte abrazo

    1. Gracias, Sergio! Ya te contaré cómo asar capibara, yacaré y surubí. Todo el día con la parrilla están por aquí. Un abrazo!

  3. Que alegría saberte de nuevo sobre tu moto, pisoteando el camino con rueda firme. El mundo solo puede ser de personas como tú, disfruta a tope y esperando leerte de nuevo. Tú tita.

  4. disfruta amigo mío, espero que volvamos a vernos en un futuro próximo. pásalo bien y bebe toda la birra que puedas!!!

    1. Pues claro que nos vemos! Un tema lo de la cerveza aquí, las medidas, vaya. Llevo vistas por ahora (quien dice vistas dice bebidas):
      249, 320, 360, 473, 940 y 960 ml
      🤷‍♂️

  5. Mousquis Ki-NiTO. Una maravilla leerte y deseando ir conociendo tus aventurillas. Ten cuidado con los nihilistas de los cojones que te cruces y lleva siempre por bandera tus raíces choperas-Churrianeras jajajj. Un fuerte abrazo!!

    1. Gracias, Gustavo! Por el comentario y por todo lo demás. Ahora ya sé dónde está el norte y los amigos pilarenses.

      Algún día hacemos una ruta juntos

  6. Acabo de recibir tu libro. En papel claro, porque aunque domino la cuestión digital(a pesar de ser de la edad de la madera, como dicen mis hijos) es el formato que más me gusta. Como todos, espero ansioso el relato de tus vivencias para, también como todos, hacerlas mías.
    Y ya sabes, la moto al ralentí a ritmo de cumbia. Un besazo

    1. Madera, papel... todo encaja! La moto va cumbiambera, pero cuando llegan las pistas de arena le tengo que dar un poco de salsa. Le da a todo, la tía


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